Cantos del Bastón 
 
 Actas
 
 Poesía
 Castellano
 Français
 Italiano
 
 Ensayos
 
 Crónicas
 
 Crítica
 
 Notas
 
 Biografía
 
 Bibliografía

Página Anterior Página Principal 7680 Lecturas ,  17 lectores(as) en línea Buscar Archivo Correo del lector
Castellano
El profesor fusilado
El centinela y su cántaro (Fragmentos)
Ramón Riquelme. Selección de poemas
Natalia Rojas Cortés. Selección de poemas.
Ricardo Opazo. Selección de poemas.
13 Poemas de Memorias del Bardo Ciego
Tributo a las cenizas
Rodrigo Arroyo. Selección de Poemas
Barrio Hondo
“18 Canciones de la Patria Amarga”, de Yannis Ritsos

Poesía : Castellano

Versión impresora


Natalia Rojas Cortés. Selección de poemas.
Por Bernardo González Koppmann

 

de Ahíto abelengua

 

 

 

 

mi lengua de tierra, sombra afluente de aquel nogal que alcanza mirando a Dios y le dice A. Desde aquí todos se están tragando un sollozo. Una letra del sonido. Acá arde la invención en lo callado, todo es infancia, balbuceo, roedor trizado como ventana. Sé que yo soy hija hecha de lluvia, sé que el poema es la historia de los precipicios, de lo que es sin padre, de lo que se incendia con la voz, pero mi lengua, pero mi turgencia, como boca de noche, por qué desflora la letra cuando deambula, qué pasa en el error (...)

 

 

 

ciego de algo quizá por distraerte, quizá por llegar al vidrio quebrado que protege mi hogar, lo opaco que tiene sonreír. Avieso y desconsolado. Te veo chiquito en los columpios del habla. Te has callado, mutismo infantil de negras rodillas, bájate te digo, bájate, hay días en que los árboles te empujan, hacen creerte que su savia es tristeza, bájate te digo pequeño ahínco dolorido, bájate que me subo a conocer la altura, yo allí ahíta y montesa, allende al dolorido silencio: he dejado de nombrarte (...)

 

 

 

te descubro tan apacible que te temo. Iré con lágrima y boca abierta saltando por las cimas. Asaltada por la bruma haré que me escuches: eres nombre, eres tierra, yo lo soy y tú te desdices. Iré, juro que te iré, no cogeré las fieras ni temeré a las flores, sé que veremos juntos lo mismo: la noche que te dio a luz y su propio vacío (...)

 

 

 

pues moras como un animal entre mi boca. En esta cercanía aroman las frases sus excesos. Veo quiénes son los que se integran a la palidez, a la criatura del tiempo. Veo al ángel del trueno que esparce mi instancia en los oídos y no veo, pero sé que sólo debo hablar si es canción lo que miras (...)

 

 

 

ave que nunca ha sido ave, pero que canta las voces de una ortiga. Si hiero tu lengua saldrá mi nombre por la llaga, saldrá tu aliento por mi voz, aquí pendes, aquí te estiras en mi labio de trigo, en este paraje que soy yo sin vuelo. No me busques en la altura, estoy a ras de alma, en el alma que cruza a tu ciervo y que yo debo escribir acá, en el aprisco de mi mano y tu lejanía. No me busques allí, pues de pronto se despoblarán los aires, la belleza devorará el lugar y los poemas se irán conmigo en el pretexto. Acá pueden agotarse los pájaros (...)

 

 

 

graznidos, graznidos, es de mañana quizá: reúneme en el vacío y la carne, ya es hora de decir, es hora de pensar la grafía en el viento, mirar las manos de la ausencia, al eco, la cueva del silencio, la síntesis de la huida. Esta niña de árbol padece el peor mal: que cante, cante, / y en concierto acordado/ tus ondas sean veloces/ sílabas, lenguas, números y voces.[1] Mira cómo hace cuajar el mar en la boca -ella lo hace desde la raíz en su cielo; ella sabe lo que es blanco; la piel del relámpago y los cristales-. Tras oscuridades escuchó cómo nombra el humo su voz, cómo se ve su vuelco al brío de lo inmóvil, porque ella es un vacío, un albergue absurdo donde oculta tus ojos de leche y donde ahíto bautiza las cosas y sus silencios

 

 

 

 

de Vigilia y Coro

  

Hospitalariamente resuena al caminante

crepuscular campana por la aldea apacible

F. Hölderlin

 

 

 

Estoy en una de esas noches que el silencio hace de cada cosa su propio enemigo. La bóveda se enfurece. Mi manta tiembla. Yo ya no estoy escribiendo. Dentro de esta noche se está cazando al gorrión de piedra, único que inquieta el ritmo de lo invisible. Entre lanzas crece el dominio de quien se presenta primero ante el sonido. Al pájaro se le soltó una pluma y no era de piedra, era de levedad, vuelo y dejo. Hoy es una de esas noches en donde el anonimato de las cosas se devela cantando.

 

 

 

Está ardiendo el tiempo en los ojos de quien espera. Se anegan los caminos con la coreografía de la retirada y la luz se hace silencio, quedándose dos veces en el oído del eco. Así es como se calcina la velocidad del recuerdo que no llega. Sólo esto nos pasa, sólo esto.

 

 

 

El lenguaje es el humo del pensamiento. La oquedad que deja el éxodo: un héroe del naufragio. Héroe es quien anuda el flujo del mohín de una palabra que fue nombrada en el pasado. Aquellas que rechazan ser palabras para volverse cosas como las cortinas, papeles usados y ventanas.

 

 

 

Los nombres son tan antiguos como la repetición del mar, los que se encienden con nuestra voz al trazar la fiera el día y la noche -las muñecas perdidas y las tazas trizadas se fueron en silencio por el día a esa lucha del último soplido que hace cenizas de la boca-. Los nombres son casi de fuego, así de frecuentes.

 

 

 

Tengo a Ulises o a Nadie escuchándome entre este rumor -las cosas son un incendio que se apaga, el arco se estira para hacerse horizonte en el tiempo y voraz la asfixia vuelve a la imagen- por ahora prefiero quedarme quieta en la cama.

 

 

 

Ya logrando ver el retorno de cada cosa a su lugar me marcho por esa misma quietud melódicamente. No van mostrándose cuando se marchan, mas dejan lo que creen llevarse. La noche es de día mientras afuera se convencen los párpados que duermen. En esta noche la palabra fugaz mostraría el rostro de lo perdido. Existe una violencia que se seca intacta, es una nueva forma de zarpar de los objetos.

 

 

 

En la orquesta del vacío sólo una nota se toca. Con respeto y sin fin se ahuyentan las riberas de lo oscuro a penas quedando el gesto del recuerdo -un poema fue el autor que puso a andar los ríos.- Que nadie se burle de esta madera callada: espejo del viento que no tiene viento, sólo la traducción del oxígeno cansado ya de imitar la tormenta cuando lo expiro -afuera, hermosamente, alguien quiere entrar-.

 

 

 

 

Jardín que aparece

 

 

 

si se le amputa el color a la flor

le damos la posibilidad a otra que esté allí

imitando al silencio en la expresión de la figura

 

tal como cuando nos callamos

decimos lo callado con otra voz

 

ése es el corte de la estadía

 lo oscuro muy esparcido en lo claro

 

camino y aún escucho

las pisadas de ese jardín

 

hago presión en las huellas de los pasos

entumecida y selvática en la distancia de los sentidos

y así es cuando fijo el ojo

desamparando la mirada sobre los objetos

 

el recuerdo adopta una figura

parecida a un sendero de noche

y lo camino

 

dejo militar la sangre atrás

que me recuerdan las próximas heridas

 

heridas que imagino deben ser aves

que sólo buscan caminar tras el estruendo de los colores

aquí debajo en la primavera lesiva

quien se pregunta tantas veces como pueda la voz

si existe algo más quieto que una piedra

 

  mi piedra

 

esta noche está colmada de día que se oscurece

 

noche y día se miran

y en un pestañar cambian su rol

 

víspera de otro camino

que se abre y deja salir los ladridos

de los perros de mi niñez

 

insisto en tu pensamiento

sé que es desalojarme

es hacerme huésped de una despedida

 

no importa

 

le haré caso al eco de la añoranza

que viene desde lejos

 

al llamado temprano

del que me alejé en años

pues en su origen fue un grito

y la distancia ayuda para descifrar

 las letras de los gritos

 

la luz se aparece

sabemos que el inicio corresponde al fin

como alma y cuerpo

mas cuál es cuál

 

todo este tiempo de mañana es un patio

 donde se oyen las risas y los juegos

 

la precedencia del recuerdo

 

la insistencia de las aves con el aire que se acaba

que se acaban con él las aves

 

éstas son el espacio y la composición del aire

 

las miro y me dan ganas de romper

un piano junto al espíritu que divaga en el recuerdo

 

el recuerdo del árbol en otoño

 

la pena de las hojas que se caen

del pedazo de árbol

un pedazo de queja

 en el choque de la hoja

cuando recién se hace suelo el suelo para el árbol

 

en el fondo de este cuadro hay una pestaña lenta

que me enceguece mirándola

es el jardín del mundo y no sabe que es el jardín

yo le insisto con los colores

violáceo y piel

 

es el jardín sosegado de un cuadro

el intersticio que duerme en la diferencia

 

abandono este espacio y el cuadro refleja la escena

voy retirándome y aparece por detrás

la decrepitud del tiempo

haciendo mofas de la distancia que asumimos

 

amistad inasible por la palabra

organización de los silencios

de las miradas tranquilas

y de las que no son tranquilas también

 

 yo insistiré con la amenaza

con el ángel con el vaho que compartimos

y sobretodo con la pupila que escondo

entre la hierba y crece de ti

 

en el camino voy notando que las cosas

ascienden hacia la oscuridad

una suerte de abrazo materno

ansioso por homogeneizar el escenario del frío

impedirme el camino

que a tientas en él busco la lámpara

abandonada por los sonidos al irse

 

pues sabían del plan

sabían que me sería difícil encontrar los utensilios

para el próximo parto del mundo

ése que nace y luego se oculta

 

pude incendiar mis manos con mis propias manos

pero seguí el camino

 

el poeta tiene un pie atrás

el país del futuro

mas sigue avanzando

porque atrás y delante

están en la misma esfera

 

allí nada se ata

todo es intemperie en los caminos de estos jardines

en donde juega el único niño

que logra ver el viento pasar inmóvil

 

el niño es un poeta

que juega a crecer

 

que mira fijo los dientes de los gatos

 

gracias a él acá se escucha el devenir de la muerte

al orden de lo instantáneo e inestable

logrando ver así

cómo se endurece el vacío con cada nacimiento

 

cómo las plantas regadas

cómo los arbustos  cómo las espinas

cómo los insectos  cómo las piedras

cómo los ríos que se nos atraviesan para luego desaparecer

dentro del mugido de la humedad

 

todos salen en fila de mi boca cuando los pronuncio

asimismo sucede en los días que el pensamiento

transita dejando una arruga

 

un muro entre el vacío de allá

y el vacío de acá

 

muro hecho del pálpito de lo que aún no nace

 

son los fuegos sobrepuestos

la conciencia de saber cuándo vendrá la muerte

desdibujando la boca de la voz

 cerrando el viento

con el orgullo de la herida que se inserta al follaje del dolor

 

creen que nos ampara lo que descansa bajo las piedras

piensan en nuestro pan saliendo añejo del horno

que lo aún no nacido está muerto

que el trazo que cruza este camino

 no es hecho del hálito del silencio

sino de la amenaza del último gorjeo

del pájaro que murió volando

 

y ahora cómo les explicamos que no nos perdimos en el bosque

 

  sabemos morar en él

es nuestra guarida profunda donde el adentro

y el afuera no se confunden

se presencian gracias al ritmo del trote

de los caballos ya cansados ya durmientes

 

aquí la presa y el enemigo caminan juntos

alumbrados por la luz que se desprende de la muerte de un caminante

luz que vigilaba su nombre

luz de la lechuza

 

eco de la noche en cuerpo y albacea de la jaula

 

  tenemos un nombre encerrado

que cuando se libera se hace fulgor

espesura de los elementos

 

allí  cuando el sonido

sólo existía como un albergue

como raíl de lo significativo

 el silencio se hizo curva

 

en él vibra una pequeña verdad

en donde impera la forma en forma de lo calato

 

creemos que es de afuera

desacertamos

 

el poeta nace con una palabra en la boca

que nunca logra pronunciar

 pues sólo la rama hace crujir la madera

en el labio de lo seco

 

retienes mis elementos

desde la solidificación de lo musical hasta la orquesta

logrando hacerte padre de ti mismo

capital de mi espina

grafía de mi nombre

 

vamos al borde de este poema

y seamos el borde del borde

no nos asustaremos

afuera alguien canta y nos une las manos

en el insistente borde de la palabra acabada

 

hallazgo y asidero que abarca el camino advenido por otro

el sendero mudo que nos confunde y confiere felicidad

 

ese cálculo se funda en el último verso

el encargado de custodiar nuestro ánimo

 

en el fondo de este patio

hay una palabra insistente en no descansar

porque es de raíz

 

las manos

las devotas del actuar

erigen frente al anhelo

la esencia de la boca

como padre y madre a la vez

 

todo está dotado de padre y madre

como brazos y piernas

pero madre y padre

 

padre y madre de la piedra

padre y madre del árbol

padre y madre del miedo

padre y madre del camino

padre y madre del padre y de la madre

padre y madre de esta voz

que es tuya y mía:

padre y madre de este río que no se ve

 

un pájaro blanco aletea rápido en estas palabras

 son los paisajes del espíritu reflejados en los ojos del ciego

como cuando te digo que veo lo perdido en la belleza

o sencillamente pronuncio dos veces las palabras

 

es el movimiento del destierro

 el de adentro y el de afuera

 

las escuchas

luego

se hunden

 

tan fértiles que engendran hasta la incertidumbre

 

usando el método que reside en el tiempo

alfabeto escondido de las bocas cerradas

las nuestras

las de traje herido

las de preguntas

que se ciegan junto a los ojos

 

esbelta avanza la palidez por el día

embrión espartano como el vacío

 

ese vientre de la prontitud

de la ausencia que se hace figura

 

tu figura de río y de lengua próxima confiada al vacío

al acecho que se agazapa en el silencio

 

tal como la lentitud que calza en la forma del futuro

la forma de lo que se acaba

y de lo que retorna para acabarse

 

algo se retira dejando su sombra

en el movimiento inquieto del deseo

deja la presencia de lo que aún no tocas

 

el genital que alumbra la voz de este camino

 

la anulación es una presencia en lo falto

 vaciedad divergente que se deja aparecer

 desde su liberación oculta

en el dominio de los objetos y animales perdidos

 

por qué será que me nombran desde mi carencia

y respondo como el perro que ladra

y hace de la cuadra una de las más vacías de la ciudad



[1]     Villancico “Santa Catarina”, de sor Juana Inés de la Cruz.





Subir
 Referencia
Por Bernardo González Koppmann.  "Natalia Rojas Cortés. Selección de poemas.."  Cantos del Bastón. Ed. Bernardo González Koppmann. Talca, Chile: Editorial Poetas Antiimperialistas de América.   16 de junio de 2010.
 <   >
© Derechos Reservados