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Poesía : Castellano

Versión impresora


Ricardo Opazo. Selección de poemas.
Por Bernardo González Koppmann

 

Estación Olvido

 

El rincón más gris de tu lejanía

trae pájaros de escarcha;

era la casa donde regamos el jardín

con brotes de mitología griega.

Por sus raíces desfilaba Jasón

con argonautas disfrazados de olvido;

todo fue una primavera de aguas

que vertía por desfiladeros;

en la cumbre, grandes rocas

esperaban cercenar nuestras cabezas.

Olvidé viejas mariposas

en libros hurtados a la luz;

ya no recuerdo las estrellas

ni aquella medialuna árabe

de turbantes escapando

hacia la oquedad de la tierra.

Se diluye el gran cometa

que pulveriza el siglo;

tendidos estamos bajo una noche

que abandona lerdos cuerpos

rodeados de cíclopes.

 

 

Profesor

 

En la sala de clases

yace

Prometeo encadenado.

Un águila

le come las entrañas.

 

 

La anciana

 

Ella era hermosa

como Ruth espigando en su viudez,

podrá vagar por estrechas calles

buscando a la Beatriz de Dante

entre ventanas de bienvenida

o bailar como Salomé

en noches de alegría e incertidumbre.

Ella mira el cielo

resignada de estrellas negras

esperando la llegada de dioses mitológicos.

Levántate de esa cama de bronce

para destruir fantasmas

que el Quijote no logra dispersar,

o contemplar el Nilo verde

de la Alejandría del Magno Conquistador;

ven a rescatar los jardines colgantes

de la Babilonia moderna;

no permitas que el mundo

sea una herida en tu costado esencial ...

Detrás del velador de mármol

la humanidad consume su historia

en los huesos cansados de la anciana

 

 

Partida

 

Me fui

en este amanecer

cuando la hoja otoñal

moría arrastrada por el viento.

Yo esperaba la fría noche;

espesa bruma

impedía a la luna

asumir expresiones.

Yo sé que muero,

no te importe;

siempre soñé la niebla

consumiendo sombreros.

 

 

Hago una fiesta a la orilla de tus ojos

 

Hago una fiesta

a la orilla de tu vestido.

Mujer, en tu cuerpo

se congregan los pueblos;

todas las razas pasan por tus senos

amamantando profetas y guerreros.

Hago una gran bacanal

a la orilla de tus ojos

que llenaron la prehistoria

compleja de nuestra especie

y sembraron astronautas

siguiendo la deriva cósmica.

Por ti los hombres

han desfilado entre llantos y flores

naciendo una y otra vez.

Hago una fiesta

en tu vientre

donde todos somos niños.

 

 

Zapato en el pasto

 

Ese zapato

a la deriva de los hombres,

recordando

sus pedestres aventuras,

ha varado en el pasto

donde una lombriz

pasea

la eternidad

de los cordones.

 

 

Avenida Manuel Larraín

 

Esta calle era un río

y aún despierta con olor

a peces antiguos,

el fondo se fue llenando

de adoquines y golondrinas;

por aqui pasaba un auto negro

con parachoques y espejos brillantes,

tan a los lejos, como flores

que amarillas descansaban

en sus laderas.

Hoy escucho ruidos de micros

saltando sobre el asfalto caluroso,

lleno de voces,colegios y risas...

Sí,aún risas en esta calle

que entre piedras pasea

en busca de ranas y juncos

que salen de viejas puertas.

 

 

Paisaje

 

Una gaviota

picotea el sol

y derrama

el amanecer

sobre la playa.

 

 

Ramal ferroviario abandonado

 

Los rieles apenas contienen

una margarita entre hierba seca.

El tiempo

jardín vacío a la orilla

de espectros sin nombres.

Aquí la impaciencia

tiene las puertas cerradas,

porque ellas contienen

seres anclados

en cosas cubiertas de polvo pretérito,

como mirando a los hombres

encorvarse con el peso de la nostalgia.

¿Acaso la ausencia

es otra dimensión del tiempo?

no hay colores sobre el horizonte,

sólo mariposas dormidas de estío.

Abejas zumban monotonía

posándose en muros de adobe,

rayados con clavos oxidados

mostrando nombres como heridas resecas.

En una estación olvidada

el pitazo de un tren

puede despertarnos a la eternidad.

 

 

Capilla

 

Sentado,

escuchando la liturgia,

siento el roce de tus dedos.

Y hacia el sol

saltan ángeles.

 

 

Viento

 

El viento es el mismo

de épocas pretéritas;

aquí siempre vuela

trayendo de todos lados

paisajes de rostros amados.

El viento nunca es distinto,

pues lleva los techos de las casas

dejando arena entre muebles.

Unos dedos buscan entre el polvo

secretos antiguos

y encuentra cenizas

acumuladas en el alma,

y si pasa entre los árboles

hace una mueca y silba

porque siempre sopla

porque es eterno.

Entre cruces

de un olvidado cementerio

se esconde un cántaro

que lo absorbe

cuando se escapa

de las manos

del viejo molinero sentado

triturando el tiempo.

 

 

Cuando hablan de ti

 

Si me preguntan por ti

hablaré de juncos

que olvidaron la orilla

y canciones de grillos nocturnos;

Invocaré la presencia

de materiales cósmicos

arrancando con sus luces

de castillos con ventanas destrozadas,

descubriré la lluvia turbia

que no deja acercarse al estanque

de cisnes con su cuello negro

oteando el horizonte

y se esconden en el fango.

Si me preguntan por ti

les hablaré de la arena

que aparece en mis ojos

cuando me miro

dentro del espejo de tus sueños,

y si vuelven a preguntar

miraré la raya del horizonte

mientras del cielo se descuelgan

pájaros escarchados

contra un sol que agoniza

en el vientre de la tierra.

 

 

El cartero

 

El cartero vació mariposas

en mis manos,

desbordó los grises de mi sombra

apareciendo difusa las imágenes

que me atan a tu cadencia.

Puedo rasgar este paisaje ya olvidado,

pero colores pintan nuevamente

tus desbordes de ternura.

Pasos previos danzan risas

que aún acuden a este llamado

del cartero   

                       que se aleja

con su canasto de sueños.






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 Referencia
Por Bernardo González Koppmann.  "Ricardo Opazo. Selección de poemas.."  Cantos del Bastón. Ed. Bernardo González Koppmann. Talca, Chile: Editorial Poetas Antiimperialistas de América.   16 de junio de 2010.
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