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Castellano
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Poesía : Castellano

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Barrio Hondo
Rodrigo Jara

 

LAS MUJERES DE CALLE BALMACEDA

                                                                        A mi abuela,

                                                                       que vivió cien años

 

Las niñas de Balmaceda no arrullan muñecas Barbie

no promocionan pañales de papel

ni van a la catedral los sábados

a compartir la hostia de los ricos

Las niñas de Balmaceda mecen a sus hermanos

tejen coronas con ramas de sauce

y son inmensamente felices

tanto que se olvidan del hambre y del olvido

Las muchachas de Balmaceda se casan en abril

con hombres que conocieron en marzo

hombres de manos ásperas

que las doblan en edad y en tristeza

Las mujeres de Balmaceda crían hijos en el polvo

y para el polvo

crían los suyos

los de otras

y los lanzan al mundo como plumas al río que va a ninguna parte

Las mujeres de Balmaceda aman a hombres de piedra

aman como van al mercado en bicicleta

y luego envejecen alrededor del brasero

cebando mates al anochecer

mates que humedecen e iluminan

las historias simples de la cuadra

Las mujeres de Balmaceda no conocen los espejos

se peinan con esqueletos de pescado

y lloran   lloran    lloran

para que sus lágrimas renueven los surcos resecos de la cara

Las mujeres de Balmaceda no saben de letras

de  filosofía ni de liberación

se queman las pestañas zurciendo calcetines

son especialistas en química de ollas

y Mesías para repartir un plato vacío

entre veinte chiquillos hambrientos

 

 

LA TÍA GLAFIRA SE DEJÓ MORIR

 

En una pieza honda

como los pensamientos de personas tristes

se recostó un día y no quiso levantarse

Los ojos se le fueron hacia adentro

y la boca no quiso abrirse más

ni para soplar palabras

ni para tragar alimento

Los médicos hablaron del estómago

los parientes de parálisis y los vecinos

de un mal de ojo

Nadie pensó que una vejez prematura

le comía el alma

El giro mañoso del tiempo

la dejó en la esquina de  nadie

Los rostros afuera no eran los rostros de infancia

las voces no eran las queridas

las calles no sostenían las carretas del amanecer

Ni siquiera los recuerdos la visitaban

ni el bastón castigador del padre

ni la madre friendo sopaipillas

ni la lluvia que deja caer sus huestes

inofensivas sobre los tejados

No volvió a sentir la risa de sus hermanos

ni jugó a las escondidas bajo la luna

y entre los limoneros

En una pieza honda

como los pensamientos de personas tristes

la tía Glafira se dejó morir

 

 

LA TARDE DEL CLÁSICO

                                   Entonces soy un mendigo

                                   que le pide al tiempo

                                   un recuerdo que no se deforme...

                                                           Jorge Teillier

 

Esa tarde se hincha hacia los costados

es brisa que sopla semanas antes y semanas

después por las esquinas

Voces de vecinos que murmuran

y apuestan los últimos pesos del día

El clásico es marea que inunda con sus nobles

banderas de antaño

es horda maldita para los reaccionarios

y bálsamo para los rebeldes

Aparecen las manos callosas de los fundadores

con sus machetes de tiempo

y nos recuerdan los orígenes en la barbarie

de campos iletrados

Muy hondo en la memoria

los fantasmas de los primeros niños

continúan pateando pelotas de trapo

Acaso descalzos del cuerpo

y con toda la inocencia de sus años

puedan burlar a la muerte insobornable

 

II

La tarde que no se olvida es la del clásico

un domingo que bulle en cancha del Quintas

Flamean las banderas del este y del oeste

Vuelan insultos de galería a galería

El hambre las traiciones borracheras

amigos amores

todo estalla y da bote

y tranca  y corre  y suda

El viento teje remolinos sobre el suelo terroso

y la tarde se arrebola en los ojos

en las gargantas resecas

en las amistades retorcidas por los vaivenes del marcador

y por los ánimos revueltos y esparcidos

en el campo de mil una batallas

 

 

III

En las horas desangradas del crepúsculo

los contrincantes se van a las manos

otros a los pies

pero los más a las copas

Hordas de sedientos asaltan cervecerías

barcitos y sartenes de sopaipillas

La vecina del Pata de gallo

vende el boliche entero

La cerveza anega calles cubiertas de papel picado

Los muchachos cantan hasta el amanecer

himnos a héroes de batallas olvidadas

gestas que ni los viejos más lúcidos recuerdan

Los policías beben en sus gorras de servicio

acaso disfrutan y no se atreven

a estropear la fugaz alegría de un barrio triste

 

 

MEDIA NOCHE EN EL THALIA

 

Voces que se doblan y desdoblan

imitando las acrobacias del humo perdido

en la boca de los perdidos

Palabras que adoptan los colores sin número del alma

Mesas que no soportan botellas

ni los codos tambaleantes de los borrachos

La barra del Thalia florece como cementerio

el primero de noviembre

Hombres con todos los colores en la piel

con todas las edades en el rostro

y en la espalda una joroba que rebota

contra los espejos 

Sonidos de botellas que se destapan

de copas que se encuentran

de cumbias que navegan el aire

y marcan el ritmo sin fondo de la noche

 

 

REFLEJOS DE ANTAÑO

 

El espejo del dormitorio

a pesar de años y muertes

todavía refleja el rostro de la abuela  

 

 

TEJEDORAS DE SUEÑOS

 

Un patio hondo

Detrás de los adobes

las higueras tejen sueños

 

 

DETRÁS DE LA PUERTA

 

Ese rincón en penumbras

aún retiene el sabor lechoso

del primer beso

 

 

HALO DEL TIEMPO

 

La brisa es el tenue soplo

que deja el tiempo cuando pasa

 

 

LAS CALLES

 

I

Las calles dejaron su antigua morada

su inocencia de polvo y pies descalzos

Abortaron sus alamedas y sus plazas de tierra

donde los enamorados se amaban mirándose a los ojos verdes

no de hambre sino de gozo

Ahora se maquillan como putas viejas

se adornan con semáforos y otras joyas de neón

Ahora los perros orinan sin ganas el cemento

y la lluvia mezquina

no llega a la raíz del mundo

 

II

Las calles recogen pasos que pesan y brillan

pasos cargados con la codicia de oficinistasy sus sueños de grandeza

Pasos que pisan a los débiles

a las mujeres solas en casas solas

a los ancianos del abandono

Pasos que delatan a pobres asaltantes

de poca monta

buscadores de tesoros o lo que fuere

Pasos que olvidaron las fugaces calles

terrosas de infancia

la ternura materna en los primeros años

Pasos sin brújula

sin la bulla alegre del clandestino

sin la putita que todos amamos

y hundimos al río oscuro del olvido

 

III

Acaso sean territorio de feriantes

pozos que ahogan los sueños tribales

y favorecen a los obtusos

fronteras que cierran el paso al soñador de La Mancha

olvidos que borran a la usurera y al joven estudiante

Acaso la bella durmiente sea una niña muerta

que nadie besa por temor al contagio

Acaso la Cenicienta quiso vender su inocencia

a las caravanas de mercaderes que asolan los pueblos

 






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 Referencia
Rodrigo Jara.  "Barrio Hondo."  Cantos del Bastón. Ed. Bernardo González Koppmann. Talca, Chile: Editorial Poetas Antiimperialistas de América.   14 de mayo de 2010.
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